martes, 15 de marzo de 2011

El increíble club de los ‘baby emprendedores’

Por: Isabel García Méndez - Revista Emprendedores Febrero 2011

Algo se está moviendo en el mundo empresarial. En Francia, por ejemplo, el Parlamento acaba de aprobar una ley por la que rebaja a 16 años la edad en la que una persona puede crear una empresa. En Estados Unidos, son ya legión los Allen, los Gates, los Jobs, los Zuckenberg que han levantado verdaderos imperios tecnológicos con 20 años o menos. Recientemente, se publicaba el caso de un adolescente australiano que con apenas 16 años acababa de inaugurar su segundo negocio on line. Y en España empezamos a movernos. Es cierto que todavía no tenemos una cultura ni una educación que fomente la creación de empresas desde la Universidad, pero en una reciente encuesta elaborada por la Obra Social Caja Madrid y la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional de Drogas bajo el título Jóvenes, valores y drogas, por primera vez el 37,9% de los jóvenes entre 15 y 24 años manifestaba querer ser empresario. 

Hemos indagado y reunido a unos cuantos emprendedores menores de 23 años, que nos han contado unas experiencias realmente interesantes. 

TRES SON LOS RASGOS COMUNES:
- Una motivación a prueba de bomba. La mayoría de ellos afirma que están haciendo lo que realmente les gusta y eso les impulsa en todo momento. Son conscientes de que sólo con su esfuerzo personal conseguirán sacar adelante el proyecto.
- Apoyo familiar. Todos coinciden en haber logrado el apoyo de la familia, por lo menos anímico.
- Inquietud para buscar herramientas. Curiosamente, la mayoría de los casos son suscriptores o lectores de Emprendedores. Pero, además, saben apoyarse en las asociaciones profesionales, organismos y universidades. 

PISTAS PARA MADURAR
Contagiados por su entusiasmo, resulta difícil identificar algún riesgo en su peripecia. Sin embargo, creemos que deben tomar por lo menos algunas precauciones. Hemos consultado a dos expertos, Jordi Vinaixa, profesor de ESADE, y Rafaela Almeida, profesora de EAE y socia de la agencia Blanz. Éstas son sus conclusiones:
- La pasión ciega. El entusiasmo desbordante puede llevar a expectativas fantasiosas y poco realistas; ello unido a que la juventud tiende a minimizar los riesgos, el peligro de imprudencia salta a la vista. Es necesario que haya en su entorno alguien, su familia o algún asesor, que ayude al joven emprendedor a imprimir sensatez a su proyecto.
- Falta de formación y experiencia. Es necesaria una preparación tanto personal como profesional y en muchos casos no han tenido tiempo para atesorarla. Ahora bien, esta carencia puede suplirse con cursos especializados o con asesoramiento externo. 

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